miércoles, 28 de noviembre de 2018

ACABANDO CON EL KARMA

ACABANDO CON EL KARMA

Cuando la consciencia transforma la repetición en aprendizaje



Por Helen Goldberg 

Hay momentos en la vida en los que sentimos que todo se desordena.
Una relación termina.
Una puerta se cierra.
Una pérdida nos obliga a comenzar de nuevo.
Una situación se repite hasta el cansancio.
Nos encontramos, una y otra vez, frente al mismo tipo de personas, los mismos conflictos, los mismos miedos, las mismas heridas.
Y entonces preguntamos:
¿Por qué me sucede esto a mí?
Tal vez una pregunta más profunda sería:
¿Qué está intentando mostrarme la vida a través de esto?
Desde muchas tradiciones espirituales, el karma se comprende como una dinámica de causa y consecuencia: nuestras acciones, pensamientos, palabras e intenciones generan efectos que, tarde o temprano, nos invitan a mirar aquello que todavía no hemos comprendido.
Pero quiero proponerte una mirada diferente.
El karma no debería ser entendido como una sentencia.
Puede ser comprendido como una oportunidad de consciencia.
No estamos aquí para vivir eternamente pagando culpas.
Estamos aquí para aprender.

CUANDO LA VIDA NOS PONE FRENTE A NOSOTROS MISMOS

A veces creemos que el karma consiste en que alguien nos haga aquello que nosotros hicimos.
"Me traicionaron porque alguna vez traicioné."
"Me abandonaron porque abandoné."
"Me hicieron daño porque yo hice daño."
Puede existir una lectura simbólica de causa y efecto, pero reducir el karma únicamente a una especie de sistema de castigo sería demasiado simple.
Porque la verdadera pregunta no es:
¿Quién me hizo lo mismo que yo hice?
La pregunta es:
¿Qué puedo aprender de aquello que estoy viviendo?
La vida puede convertirse en un espejo.
No necesariamente porque todo lo que nos sucede sea algo que "merecemos", sino porque cada experiencia puede mostrarnos algo acerca de nosotros mismos: nuestros límites, nuestras heridas, nuestras elecciones, nuestros apegos, nuestros miedos, nuestra manera de amar, nuestra manera de reaccionar y también nuestra capacidad de perdonar.
Y cuando podemos mirar sin huir, comienza la transformación.

EL KARMA QUE MÁS NECESITAMOS TRANSFORMAR

Existe un karma del que pocas veces hablamos:
el karma que seguimos creando mientras culpamos al karma de los demás.
Nos preocupamos por descubrir quién será castigado.
Esperamos que aquella persona reciba "lo que se merece".
Nos alegramos cuando alguien que nos hizo daño atraviesa dificultades.
Observamos su caída y pensamos:
"Es su karma."
Pero quizá en ese instante estamos creando algo nuevo dentro de nosotros.
Porque el problema no siempre está en lo que alguien hizo.
A veces está en lo que nosotros decidimos hacer con aquello que nos hicieron.
Puedes haber sido herido y aun así elegir no herir.
Puedes haber sido traicionado y aun así elegir no traicionar.
Puedes haber recibido odio y aun así elegir no convertirte en aquello que te lastimó.
Ahí comienza una verdadera ruptura del ciclo.
El karma no se transforma devolviendo el golpe.
Se transforma cuando dejamos de reproducir aquello que nos hirió.

NO TE METAS EN EL CAMINO DEL OTRO

Una de las formas más profundas de sabiduría espiritual consiste en comprender que no somos responsables de vivir la vida de los demás.
Cada persona tiene su propio camino.
Sus decisiones.
Sus aprendizajes.
Sus consecuencias.
Sus tiempos.
Sus procesos.
No podemos sanar por otra persona aquello que esa persona todavía necesita comprender.
Podemos acompañar.
Podemos amar.
Podemos aconsejar.
Podemos tender una mano.
Pero no podemos caminar por alguien que ha decidido permanecer inmóvil.
Y tampoco debemos convertirnos en jueces del proceso ajeno.
Porque cuando observamos obsesivamente el error del otro, dejamos de mirar el nuestro.
Ocúpate de tu camino.
Si alguien miente, procura tú no mentir.
Si alguien traiciona, procura tú no traicionar.
Si alguien habla mal de ti, no permitas que sus palabras te conviertan en aquello que estás rechazando.
Si alguien actúa desde el odio, no respondas desde el odio.
No porque la otra persona "merezca" tu bondad.
Sino porque tu alma merece permanecer en paz.

EL KARMA DEL OTRO NO ES TU MISIÓN

Hay una tentación espiritual muy peligrosa: querer salvar a todo el mundo.
Intervenir.
Corregir.
Rescatar.
Explicar.
Convencer.
Resolver.
Y muchas veces lo hacemos creyendo que estamos ayudando.
Pero ayudar no significa vivir la vida de otro.
Hay procesos que solamente pueden ser atravesados por quien los está viviendo.
Podemos iluminar el camino de alguien, pero no podemos caminarlo por esa persona.
Podemos ofrecer una oración, pero no podemos tomar sus decisiones.
Podemos enviar amor, pero no podemos obligar a alguien a despertar.
Incluso Jesús, desde una perspectiva cristiana, enseñó el camino del amor, pero nunca convirtió la consciencia en una imposición.
El amor verdadero acompaña sin invadir.

EL KARMA NO ES UNA EXCUSA PARA JUZGAR

Hay algo que necesitamos aprender a decir con mucha más humildad:
"No sé por qué esa persona está viviendo esto."
No sabemos qué batalla está librando.
No conocemos toda su historia.
No conocemos sus heridas.
No conocemos las decisiones que tomó antes de llegar hasta aquí.
Y, sobre todo, no conocemos los misterios de Dios.
Por eso debemos tener mucho cuidado cuando observamos el sufrimiento ajeno y lo etiquetamos rápidamente como "karma".
Una enfermedad no convierte a una persona en culpable.
Una pérdida no demuestra que alguien haya sido castigado.
Una tragedia no es una prueba de que una persona "se lo buscó".
El sufrimiento humano merece compasión, no juicio.
Quizá nuestra tarea espiritual no sea descubrir por qué alguien está sufriendo.
Quizá sea preguntarnos:
¿Cómo puedo acompañar ese sufrimiento con más amor?

KARMA Y DHARMA: DOS CAMINOS DE CONSCIENCIA

Podemos comprender el karma como aquello que nos muestra las consecuencias de nuestras elecciones.
Y podemos acercarnos al dharma como el camino que nos invita a vivir de acuerdo con nuestra verdad, nuestros valores, nuestra consciencia y nuestro propósito.
Cuando actuamos desde el miedo, el ego, la venganza, la soberbia, la manipulación o el resentimiento, alimentamos determinados ciclos.
Cuando actuamos desde el amor, la responsabilidad, la compasión, la verdad, la humildad y el servicio, comenzamos a construir una realidad diferente.
Es como si la vida nos ofreciera continuamente dos caminos:
repetición o transformación.
Podemos repetir la historia.
O podemos aprender de ella.

¿CÓMO SE DEJA DE GENERAR KARMA?

No creo que podamos vivir una existencia humana sin equivocarnos.
Somos seres en aprendizaje.
Vamos a fallar.
Vamos a reaccionar impulsivamente.
Vamos a decir cosas que después lamentaremos.
Vamos a tomar decisiones equivocadas.
Vamos a herir y también seremos heridos.
La verdadera evolución espiritual no consiste en alcanzar una perfección imposible.
Consiste en hacernos conscientes cada vez más rápido.
Cuando descubres que actuaste desde el ego, observa.
Cuando reconoces que heriste, repara.
Cuando descubres que mentiste, aprende a decir la verdad.
Cuando comprendes que manipulaste, responsabilízate.
Cuando reconoces que juzgaste, vuelve a la compasión.
Cuando descubres que actuaste desde el miedo, pregúntate qué había debajo de ese miedo.
Cuando hayas cometido un error, no conviertas la culpa en una prisión.
Convierte el error en consciencia.
Porque arrepentirse no significa castigarse eternamente.
Significa comprender.
Y comprender verdaderamente debería transformar nuestra manera de actuar.

LA LEY DEL "TE"

Hay una enseñanza sencilla que puede convertirse en una práctica espiritual profunda:
Antes de exigirle algo al otro, aprende a ofrecértelo a ti.
Antes de decir:

"Ámame", aprende a amarte.
Respétame → respétate.
Valórame → valórare.
Cuídame → cuídate.
Escúchame → escúchate.
Compréndeme → compréndete.
Porque muchas veces buscamos afuera aquello que todavía no hemos aprendido a construir dentro.
Y cuando comenzamos a darnos aquello que necesitábamos desesperadamente recibir de los demás, dejamos de relacionarnos desde la carencia.
Comenzamos a relacionarnos desde la plenitud.


ROMPER EL CICLO

Quizá acabar con el karma no significa eliminar mágicamente todas las dificultades de nuestra vida.
Quizá significa algo mucho más profundo:
dejar de repetir inconscientemente aquello que nos hace daño.
La misma discusión.
La misma elección.
El mismo tipo de relación.
La misma reacción.
La misma herida.
La misma necesidad de tener razón.
La misma necesidad de controlar.
La misma venganza.
La misma historia con diferentes personajes.
Hasta que un día comprendemos:
"Esto ya lo conozco."
Y decidimos responder de una manera diferente.
Ahí ocurre algo extraordinario.
La historia puede ser la misma.
La circunstancia puede ser parecida.
Pero nosotros ya no somos los mismos.
Y cuando cambia nuestra consciencia, cambia nuestra respuesta.
Cuando cambia nuestra respuesta, cambia nuestra experiencia.
Y cuando cambia nuestra experiencia, dejamos de alimentar el mismo ciclo.

TODAS LAS COSAS HECHAS CON AMOR

Tal vez la verdadera alquimia espiritual no consiste en escapar de las consecuencias de nuestras acciones.
Consiste en convertirnos en personas conscientes de ellas.
Pensar antes de hablar.
Hablar desde la verdad.
Actuar desde el amor.
Pedir perdón cuando sea necesario.
Reparar cuando hayamos causado daño.
Poner límites sin odio.
Alejarnos sin venganza.
Perdonar sin permitir nuevamente el abuso.
Ayudar sin invadir.
Amar sin poseer.
Servir sin esperar reconocimiento.
Y aprender a dejar en manos de Dios aquello que no nos corresponde resolver.
Porque hay una diferencia enorme entre hacer justicia y buscar venganza.
La justicia puede necesitar límites.
La venganza necesita que el otro sufra.
Y cuando dejamos de necesitar que alguien sufra para sentirnos en paz, algo dentro de nosotros comienza a liberarse.

LA VERDADERA LIBERTAD

La verdadera libertad no consiste en conseguir que nadie vuelva a hacernos daño.
Consiste en que aquello que otro haga ya no tenga el poder de decidir quién vamos a ser nosotros.
Que alguien sea cruel no obliga a que tú seas cruel.
Que alguien sea deshonesto no obliga a que tú pierdas tu integridad.
Que alguien no sepa amar no significa que tú tengas que cerrar tu corazón.
Que alguien te haya herido no significa que debas convertirte en una persona herida para siempre.
Y quizá ahí esté una de las formas más elevadas de romper un ciclo:
no devolverle al mundo el mismo dolor que recibiste.

Y ENTONCES COMIENZA EL DESPERTAR

Tal vez el propósito de la vida no sea llegar a un lugar donde nunca tengamos problemas.
Tal vez sea llegar a un lugar interior donde los problemas ya no nos encuentren siendo la misma persona.
Que cada dificultad nos vuelva más conscientes.
Que cada pérdida nos enseñe a agradecer sin romantizar el dolor.
Que cada decepción nos enseñe discernimiento.
Que cada herida nos enseñe límites.
Que cada error nos enseñe humildad.
Que cada encuentro nos enseñe algo.
Que cada despedida nos enseñe a soltar.
Y que cada experiencia nos acerque un poco más a Dios.
Porque cuando dejamos de preguntarnos:
"¿Por qué me está pasando esto?"
y comenzamos a preguntar:
"¿Qué puedo aprender, transformar y entregar a Dios a través de esto?"
La experiencia cambia.
Ya no vivimos únicamente reaccionando a la vida.
Comenzamos a participar conscientemente en nuestra propia transformación.

ACABAR CON EL KARMA ES DEJAR DE REPETIR

Quizá no vinimos a esta vida a ser perfectos.
Vinimos a despertar.
A recordar quiénes somos.
A aprender a amar.
A hacernos responsables de nuestras elecciones.
A dejar de herir donde alguna vez fuimos heridos.
A romper cadenas que comenzaron antes de nosotros.
A transformar patrones que ya no queremos transmitir.
Y, sobre todo, a comprender que nuestra evolución espiritual no se demuestra por cuánto sabemos sobre Dios, el karma, la energía o la espiritualidad.
Se demuestra por cómo tratamos a los demás cuando nadie nos está mirando.
Porque es fácil hablar de amor.
Lo verdaderamente espiritual es practicarlo.
Es fácil hablar de luz.
Lo verdaderamente espiritual es no convertirse en oscuridad cuando alguien nos hiere.
Es fácil pedirle a Dios que cambie nuestras circunstancias.
Lo verdaderamente profundo es permitir que Dios transforme nuestro corazón.
Quizá eso sea, finalmente, acabar con el karma:
dejar de responder desde la herida y comenzar a actuar desde la consciencia.
Dejar de devolver dolor.
Dejar de alimentar conflictos.
Dejar de intervenir donde no nos corresponde.
Dejar de juzgar procesos que no comprendemos.
Dejar de repetir aquello que ya sabemos que nos destruye.
Y elegir, una y otra vez, el camino del amor.
Porque cuando el amor se convierte en la raíz de nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones, ya no necesitamos vivir preguntándonos qué nos devolverá la vida.
Simplemente comenzamos a vivir de una manera que nos permite estar en paz con ella.
Y quizá esa sea una de las formas más hermosas de libertad.
"No se trata de escapar del karma.
Se trata de trascender la consciencia que lo sigue creando.
Y entregarle a Dios el resto."

Derechos Reservados - Helen Goldberg/Ilka Terapias©

LEY ESPIRITUAL...LEY DEL DHARMA O PROPÓSITO EN LA VIDA

Todo el mundo tiene un propósito en la vida... un don único o talento especial para ofrecer a los demás. Y cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de todas las metas.
La séptima ley espiritual del éxito es la ley del dharma. "Dharma" es un vocablo sánscrito que significa "propósito en la vida". Esta ley dice que nos hemos manifestado en forma física para cumplir un propósito. El campo de la potencialidad pura es la divinidad en su esencia, y la divinidad adopta la forma humana para cumplir un propósito.
De acuerdo con esta ley, cada uno de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Hay una cosa que cada individuo puede hacer mejor que cualquier otro en todo el mundo - y por cada talento único y por cada expresión única de dicho talento, también existen unas necesidades únicas. Cuando estas necesidades se unen con la expresión creativa de nuestro talento, se produce la chispa que crea la abundancia. El expresar nuestros talentos para satisfacer necesidades, crea riqueza y abundancia sin límites.
Si pudiéramos enseñarles a los niños desde el principio esta manera de pensar, veríamos el efecto que esto tendría en su vida. En realidad, yo lo hice con mis hijos. Les dije una y otra vez que había una razón para que ellos estuvieran aquí, y que ellos debían descubrir esa razón por sí mismos. Eso fue algo que oyeron desde los cuatro años. También les enseñé a meditar cuando tenían aproximadamente esa edad, y les dije: "No quiero que se preocupen, nunca, por ganarse la vida. Si cuando sean mayores no pueden ganarse la vida, yo les daré lo necesario, de manera que no se preocupen por eso. No quiero que se concentren en ser los mejores de la escuela, en obtener las mejores notas o en ir a la mejor universidad. En lo que realmente quiero que se concentren es en preguntarse a sí mismos cómo pueden servir a la humanidad y cuáles son sus talentos únicos. Porque cada uno de ustedes tiene un talento único que nadie más tiene, y una manera especial de expresarlo, que tampoco tiene nadie más". Mis hijos acabaron estudiando en las mejores escuelas, obteniendo las mejores notas e incluso en la universidad son los únicos que son económicamente autosuficientes, porque ellos tienen su atención puesta en el propósito por el cual están aquí. Ésta, entonces, es la ley del dharma.
La ley del dharma tiene tres componentes. El primero dice que cada uno de nosotros está aquí para descubrir su verdadero yo, para descubrir por su cuenta que el verdadero yo es espiritual y que somos en esencia seres espirituales que han adoptado una forma física para manifestarse. No somos seres humanos que tienen experiencias espirituales ocasionales, sino todo lo contrario: somos seres espirituales que tienen experiencias humanas ocasionales.
Cada uno de nosotros está aquí para descubrir su yo superior o su yo espiritual. Esa es la primera forma de cumplir la ley del dharma. Debemos descubrir por nuestra cuenta que dentro de nosotros hay un dios en embrión que desea nacer para que podamos expresar nuestra divinidad.
El segundo componente de la ley del dharma es la expresión de nuestro talento único. La ley del dharma dice que todo ser humano tiene un talento único. Cada uno de nosotros tiene un talento tan único en su expresión que no existe otro ser sobre el planeta que tenga ese talento o que lo exprese de esa manera. Eso quiere decir que hay una cosa que podemos hacer, y una manera de hacerlo, que es mejor que la de cualquier otra persona, en este planeta. Cuando estamos desarrollando esa actividad, perdemos la noción del tiempo. La expresión de ese talento único - o más de uno, en muchos casos - nos introduce en un estado de conciencia atemporal.
El tercer componente de la ley del dharma es el servicio a la humanidad - servir a los demás seres humanos y preguntarse: "¿Cómo puedo ayudar? ¿Cómo puedo ayudar a todas las personas con quienes tengo contacto?" Cuando combinamos la capacidad de expresar nuestro talento único con el servicio a la humanidad, usamos plenamente la ley del dharma. Y cuando unimos esto al conocimiento de nuestra propia espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, es imposible que no tengamos acceso a la abundancia ilimitada, porque ésa es la verdadera manera de lograr la abundancia.
Y no se trata de una abundancia transitoria; ésta es permanente en virtud de nuestro talento único, de nuestra manera de expresarlo y de nuestro servicio y dedicación a los demás seres humanos, que descubrimos preguntando: "¿Cómo puedo ayudar?", en lugar de: "¿Qué gano yo con eso?"
La pregunta "¿Qué gano yo con eso?" es el diá­logo interno del ego. La pregunta "¿Cómo puedo ayudar?" es el diálogo interno del espíritu. El es­píritu es ese campo de la conciencia en donde experimentamos nuestra universalidad. Con sólo cambiar el diálogo interno y no preguntar "¿Qué gano yo con eso?" sino "¿Cómo puedo ayudar?", automáticamente vamos más allá del ego para en­trar en el campo del espíritu. Y aunque la medita­ción es la manera más fácil de entrar en el campo del espíritu, el simple hecho de cambiar nuestro diálogo interno de esta manera también nos brin­da acceso al espíritu, ese campo de la conciencia donde experimentamos nuestra universalidad.




CÓMO APLICAR LA LEY DEL "DHARMA" O PROPÓSITO EN LA VIDA 

Pondré a funcionar la ley del dharma comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Hoy cultivaré con amor al dios en embrión que reside en el fondo de mi alma. Prestaré atención al espíritu interior que anima tanto a mi cuerpo como a mi mente. Despertaré a esa quietud profunda del interior de mi corazón. Mantendré la conciencia del ser atemporal y eterno, en medio de la experiencia limitada por el tiempo.
2) Haré una lista de mis talentos únicos. Después haré una lista de las cosas que me encanta hacer cuando estoy expresando mis talentos únicos. Cuando expreso mis talentos únicos y los utilizo en servicio de la humanidad, pierdo la noción del tiempo y produzco abundancia tanto en mi vida como en la vida de los demás.
3) Todos los días me preguntaré: "¿Cómo puedo servir?" y "¿Cómo puedo ayudar?" Las respuestas a estas preguntas me permitirán ayudar y servir con amor a los demás seres humanos.
Te abrazamos en este Despertar, esperamos que la luz de estas leyes expandan tu escucha espiritual.
NAMASTÉ


A los pies de La Negrita: el camino de la fe que une el corazón de un pueblo

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