A los pies de La Negrita:
el camino de la fe que une el corazón de un pueblo
Miles de personas dejan por unas horas la comodidad de sus hogares para emprender un camino que no siempre es fácil. Caminan bajo el sol, la lluvia, el cansancio y el silencio. Algunos recorren pocos kilómetros; otros cruzan provincias enteras. Hay quienes llegan con los pies adoloridos, con lágrimas en los ojos o con el alma llena de preguntas.
Pero todos llevan algo en común: la esperanza.
Los costarricenses la conocemos con un nombre que nace del cariño más profundo:
La romería no es únicamente un recorrido físico
Es el símbolo de un viaje interior.Muchos llegan para agradecer una bendición recibida.
Otros llegan para cumplir una promesa hecha en medio de una enfermedad, una pérdida, una dificultad económica o una prueba que parecía imposible de superar.
Y muchos más llegan simplemente para depositar a los pies de María aquello que ya no pueden sostener solos.
Porque hay cargas que solo el corazón comprende.
Como costarricense, cada vez que pienso en La Negrita recuerdo que la fe tiene la extraordinaria capacidad de unir a todo un pueblo.
No importa la edad, la profesión, la condición social o la historia personal. Frente a Ella desaparecen las diferencias. Solo quedan hijos buscando a su Madre.
La Virgen de los Ángeles nos recuerda algo profundamente hermoso: que Dios nunca deja de caminar junto a nosotros y que María, con la ternura de una madre, continúa señalándonos el camino hacia su Hijo.
Hoy quiero elevar una oración sencilla.
Que La Negrita abrace a quienes están atravesando una enfermedad.Que fortalezca a quienes sienten que han perdido la esperanza.
Que consuele a quienes lloran la partida de un ser amado.
Que acompañe a quienes buscan trabajo, paz, reconciliación o un nuevo comienzo.
Y que nunca permita que nuestra fe se apague, aun cuando el camino parezca largo.
Porque quizá el milagro más grande no siempre sea recibir aquello que pedimos.
Tal vez el verdadero milagro sea descubrir que nunca hemos caminado solos.
Que nuestra Reina de los Ángeles cubra con su manto a Costa Rica, a cada familia y a todos los corazones que, desde cualquier rincón del mundo, siguen creyendo que la fe tiene el poder de transformar la vida.






