Charla entre el CORAZÓN y la RAZÓN...
Autor: Gabriela
Mistral.
¿Y si en realidad
el tiempo no lo pudiese todo, si no fuese tan cierto que las cosas con el pasar
de los días se van olvidando, o las heridas no se van cerrando, cuántas cosas
cambiarían? Porque es muy fácil pensar que con solo dejar pasar los días, meses
o años las cosas se solucionan, y lo peor es que uno se autoconvence, y se cree
un superado, alguien que tuvo la suerte de superar un dolor y sobreponerse, y
se vuelve a sentir fuerte… Sin embargo, un buen día, quizá el menos pensado,
todo el castillo que creías tan sólido comienza a temblar, porque te encuentras
de nuevo cara a cara con el dolor, con ese sentimiento tan helado y tan dormido
del que ya casi ni te acordabas, y que, muy a pesar de todo, sigue ahí, y comienza
a despertarse con todas las fuerzas acumuladas por el tiempo en que estuvo
inactivo y quiere salir, quiere gritar que esta vivo y que va a dar pelea, por
que la RAZÓN piensa:
“¡Otra vez no! ¿O acaso no te acuerdas el tiempo que te costó volver a ponerte
en pie?, ¿O no te acuerdas de esas noches sin dormir, de esos desvelos y
angustias, de tus días vacíos, de tus noches sin estrellas?. ¿Quieres realmente
volver a vivir todo eso, o ahora que ya estás de pie no sería mejor que
anduvieras por otros caminos? Porque, sinceramente, amores no te faltan, tienes
la capacidad de enamorar a quien quieras, y te vas a hacer problema por un
hombre/una mujer que, en realidad, no sabes si te quiere, no sabes si te
engaña?…
¡Piensa! ¡No te equivoques! Una vez creíste tocar el cielo con las manos y en
un instante descendiste al mas profundo de los infiernos, ¿Crees que vale la
pena?. Haz lo que te digo, no existen los amores eternos, y seguramente, todo
eso lo único que te va a hacer es ilusionarte y volverte a lastimar.”
Y se hace un silencio eterno…
El CORAZÓN, aturdido por las palabras de la RAZÓN, se queda sin aliento, pero
después de un rato de pensar, donde la RAZÓN ya creía tener ganada la partida,
el CORAZÓN replica:
“No sé si tus palabras son del todo ciertas, pero se que no son tampoco del
todo equivocadas: no es lo mismo pensar que sentir, no es lo mismo razonar que
hacer las cosas impulsivamente, porque los que piensan son aquellos que nunca
se arriesgan, y pobre de aquél que no esté dispuesto una vez en su vida a
perderlo todo por la persona que ama, pobre de aquél que no está dispuesto a
olvidar, porque nunca será perdonado, pobre de aquél que es tan ciego y vacío,
que no es capaz de dejar de lado todas las trivialidades de la vida por amor…
Pobre de quien teniendo en frente el amor de su vida, no es capaz de quitarse
la careta y sentir… Porque el amor no solo es alegría, no solo es paz y
ternura, el amor es también dolor y lágrimas, es angustia y desvelo, es muchas
cosas, pero bueno… La verdad es que no sé que pesa más, si la RAZÓN o el
CORAZÓN.
Lo que si sé, es que si uno no siente, se transforma simplemente en una roca,
una cosa que no es capaz de demostrar cariño y confianza, un cuerpo sin alma.
Por eso creo que uno debe jugarse por lo que siente… le puede salir bien o mal,
puede equivocarse o vivir el resto de su vida con la persona que ama… lo que sí
es cierto es que jamás perdonaría a alguien que por rencor o desconsuelo no sea
capaz de tomar a la persona que ama, y gritarle a todo el mundo que por ella
daría la vida…
Y, por último, otra cosa que tengo bien clara, es que el que se enamora soy yo,
y el amor se siente con el CORAZÓN, no con la CABEZA”.
Se hizo el silencio… y sin mediar palabra, el CORAZÓN, decidió tomar el
camino correcto… y fue tras el amor…

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