Cambio de Situación sentimental:
EN UNA RELACIÓN
Por Helen GoldbergHe vivido un proceso de aprendizaje profundo durante los últimos tres años. Acercarme a los cuarenta me ha permitido mirar la vida desde otra perspectiva: con pensamientos más pausados, objetivos distintos y, sobre todo, con un despertar espiritual que me llevó a un encuentro genuino con Dios… y conmigo misma. A aprender a vivir con Helen. A conocer verdaderamente a Helen.
Una relación con Dios
Dios no calla para reprochar ni para felicitar: calla para enseñar.
He comprendido que la espiritualidad no es un concepto abstracto, sino una actitud personal que compromete todas las conductas del ser humano.
El conocimiento de mí misma
Me senté a tener largas conversaciones conmigo para entender hacia dónde deseaba dirigir mi vida. Antonio Blay, maestro de la psicología transpersonal y espiritual, dice:
“Existe una sola medicina, porque solo hay una enfermedad: la falta de descubrimiento de sí mismo”.
Esa frase despejó muchas incógnitas. Empecé a ordenar mis asuntos pendientes y me marqué un objetivo interior: entenderme, mejorar y sanar la relación conmigo. Poco a poco, las piezas del rompecabezas de mi vida comenzaron a encajar. Donde antes veía fragmentos sueltos, ahora apareció un sentido de unidad.
Cuando uno se acerca a su núcleo real, a su esencia, empieza a vivir. Sale del coma emocional, de la hipnosis en la que ha vivido durante años, alimentada también por un bombardeo constante de ideas erróneas que inflan el ego y nos alejan de la verdad.
El ego y el entendimiento
En todos esos casos, yo creía ser distinta, “mejor”, el supuesto modelo a seguir. No veía que, en realidad, me convertía en su reflejo. Yo también buscaba aprobación, amor y reconocimiento. Yo también procedía de la misma fuente y me dirigía al mismo destino.
Hoy comprendo que es más inteligente construir que destruir.
Ya no veo personas “malas”, sino confusiones temporales, miedos, bloqueos mentales. Cada quien hace lo que puede con las herramientas que tiene. Todos estamos en la misma escuela, aprendiendo, intentando salir de nuestros propios paradigmas. Y eso no es nada fácil.
El milagro del amor
Creo profundamente que Dios está en su propio mensaje. Si logramos comprenderlo e interiorizarlo, sabremos comunicarlo sin palabras.
En algún momento de mi vida leí Un Curso de Milagros, una obra que enseña a cambiar la percepción: a ver en el otro la inocencia que primero debemos reconocer en nosotros mismos. El libro habla del perdón, de la paz y del origen del conflicto. No es una lectura fácil; confronta, incomoda y derriba resistencias mentales.
Pero los milagros —entendidos como cambios de percepción— suceden y se expanden. Cuando uno ve claro, inevitablemente ilumina a otros. A veces sin discursos, sin argumentos, solo viviendo con coherencia.
San Agustín decía que la vida es una peregrinación fatigosa, llena de errores, pero también afirmaba que el dolor nos muestra nuestros límites y la fe nos revela la omnipotencia divina. La conciencia puede doler, porque nos enfrenta a realidades que debemos cambiar o soltar. Pero soltar lo que alguna vez nos salvó es parte de crecer. Para mí, eso define a un adulto sano.
El amor a uno mismo
Vivir implica un doble trabajo: reconocer lo que no somos y habitar lo que sí somos. Sin forzar, sin exigencia. La exigencia no está en cambiar las formas, sino en Ser.
Y en ese camino, el amor deja de ser atroz o bello: simplemente se vuelve verdadero.
Derechos Reservados - Helen Goldberg©
Michy, no sabíamos que usted tenía blog.
ResponderEliminarQué bueno y qué lindo escribe.
Diay, pues la invitamos al de nosotros para hacer buenas migas.