sábado, 30 de marzo de 2013

Cambio de Situación sentimental: EN UNA RELACIÓN


Cambio de Situación sentimental: 

EN UNA RELACIÓN 

Por Helen Goldberg 


¿Es bello o atroz el amor?
No lo sé. Solo sé que quien no lo ha experimentado no vivió: se limitó a existir.
Jacques Sagot

Hace algunos días decidí cambiar mi “situación sentimental” en mi muro de Facebook, más como un experimento personal que por otra razón. Quería observar las reacciones de mis amigos ante un tema tan sensible como el amor.
Las sorpresas fueron muchas: felicitaciones, buenas vibras, curiosidad por saber quién es mi “compañero de vida” y una gran variedad de reacciones de personas a las que quiero y valoro profundamente.

Y sí, mi situación sentimental ha cambiado.
Pero no como muchos imaginan.

He vivido un proceso de aprendizaje profundo durante los últimos tres años. Acercarme a los cuarenta me ha permitido mirar la vida desde otra perspectiva: con pensamientos más pausados, objetivos distintos y, sobre todo, con un despertar espiritual que me llevó a un encuentro genuino con Dios… y conmigo misma. A aprender a vivir con Helen. A conocer verdaderamente a Helen.

Una relación con Dios

Dios no calla para reprochar ni para felicitar: calla para enseñar.

Sí, tengo una relación con Dios.
Una relación que ha crecido incluso después de haber pasado largos períodos peleando con Él, ignorándolo o intentando olvidarlo. Hoy, Dios es el eje de mi vida: compañero, hermano, padre y amigo. Cada día me descubro más enamorada de su presencia y disfruto compartir con Él momentos de silencio, meditación y escucha interior.

He comprendido que la espiritualidad no es un concepto abstracto, sino una actitud personal que compromete todas las conductas del ser humano.

El conocimiento de mí misma

Paralelo a este camino espiritual, decidí iniciar otra relación igual de importante: una relación conmigo misma.
Quise saber quién era Helen, qué le gustaba, cuáles eran sus sueños, sus ideales y qué quería construir a partir de ahora.

Me senté a tener largas conversaciones conmigo para entender hacia dónde deseaba dirigir mi vida. Antonio Blay, maestro de la psicología transpersonal y espiritual, dice:

“Existe una sola medicina, porque solo hay una enfermedad: la falta de descubrimiento de sí mismo”.

Esa frase despejó muchas incógnitas. Empecé a ordenar mis asuntos pendientes y me marqué un objetivo interior: entenderme, mejorar y sanar la relación conmigo. Poco a poco, las piezas del rompecabezas de mi vida comenzaron a encajar. Donde antes veía fragmentos sueltos, ahora apareció un sentido de unidad.

Cuando uno se acerca a su núcleo real, a su esencia, empieza a vivir. Sale del coma emocional, de la hipnosis en la que ha vivido durante años, alimentada también por un bombardeo constante de ideas erróneas que inflan el ego y nos alejan de la verdad.

El ego y el entendimiento

Antes, cuando veía a alguien crítico, criticaba su crítica.
Si alguien bebía, lo juzgaba.
Si alguien era agresivo, lo catalogaba de “tonto”.

En todos esos casos, yo creía ser distinta, “mejor”, el supuesto modelo a seguir. No veía que, en realidad, me convertía en su reflejo. Yo también buscaba aprobación, amor y reconocimiento. Yo también procedía de la misma fuente y me dirigía al mismo destino.

Hoy comprendo que es más inteligente construir que destruir.

Ya no veo personas “malas”, sino confusiones temporales, miedos, bloqueos mentales. Cada quien hace lo que puede con las herramientas que tiene. Todos estamos en la misma escuela, aprendiendo, intentando salir de nuestros propios paradigmas. Y eso no es nada fácil.

Así entendí el único mandamiento que realmente existe: el amor.
Amar a Dios y amarse a uno mismo hace que todo lo demás llegue por añadidura.

El milagro del amor

Creo profundamente que Dios está en su propio mensaje. Si logramos comprenderlo e interiorizarlo, sabremos comunicarlo sin palabras.

En algún momento de mi vida leí Un Curso de Milagros, una obra que enseña a cambiar la percepción: a ver en el otro la inocencia que primero debemos reconocer en nosotros mismos. El libro habla del perdón, de la paz y del origen del conflicto. No es una lectura fácil; confronta, incomoda y derriba resistencias mentales.

Pero los milagros —entendidos como cambios de percepción— suceden y se expanden. Cuando uno ve claro, inevitablemente ilumina a otros. A veces sin discursos, sin argumentos, solo viviendo con coherencia.

San Agustín decía que la vida es una peregrinación fatigosa, llena de errores, pero también afirmaba que el dolor nos muestra nuestros límites y la fe nos revela la omnipotencia divina. La conciencia puede doler, porque nos enfrenta a realidades que debemos cambiar o soltar. Pero soltar lo que alguna vez nos salvó es parte de crecer. Para mí, eso define a un adulto sano.

El amor a uno mismo

San Agustín hablaba de cuatro dimensiones del amor: Dios, uno mismo, el otro y la naturaleza.
Creo que el amor a uno mismo no necesita mandato, porque quien ama a Dios inevitablemente se ama también. Somos alma, cuerpo y espíritu; no podemos separar ninguna de estas dimensiones. Mientras estamos vivos, nos toca vivir… plenamente.

Vivir implica un doble trabajo: reconocer lo que no somos y habitar lo que sí somos. Sin forzar, sin exigencia. La exigencia no está en cambiar las formas, sino en Ser.

Y en ese camino, el amor deja de ser atroz o bello: simplemente se vuelve verdadero.


Derechos Reservados - Helen Goldberg©

jueves, 7 de marzo de 2013

Charla entre el CORAZON y la RAZON...


Charla entre el CORAZÓN y la RAZÓN...
Autor: Gabriela Mistral.
 

¿Y si en realidad el tiempo no lo pudiese todo, si no fuese tan cierto que las cosas con el pasar de los días se van olvidando, o las heridas no se van cerrando, cuántas cosas cambiarían? Porque es muy fácil pensar que con solo dejar pasar los días, meses o años las cosas se solucionan, y lo peor es que uno se autoconvence, y se cree un superado, alguien que tuvo la suerte de superar un dolor y sobreponerse, y se vuelve a sentir fuerte… Sin embargo, un buen día, quizá el menos pensado, todo el castillo que creías tan sólido comienza a temblar, porque te encuentras de nuevo cara a cara con el dolor, con ese sentimiento tan helado y tan dormido del que ya casi ni te acordabas, y que, muy a pesar de todo, sigue ahí, y comienza a despertarse con todas las fuerzas acumuladas por el tiempo en que estuvo inactivo y quiere salir, quiere gritar que esta vivo y que va a dar pelea, por que la RAZÓN piensa:

“¡Otra vez no! ¿O acaso no te acuerdas el tiempo que te costó volver a ponerte en pie?, ¿O no te acuerdas de esas noches sin dormir, de esos desvelos y angustias, de tus días vacíos, de tus noches sin estrellas?. ¿Quieres realmente volver a vivir todo eso, o ahora que ya estás de pie no sería mejor que anduvieras por otros caminos? Porque, sinceramente, amores no te faltan, tienes la capacidad de enamorar a quien quieras, y te vas a hacer problema por un hombre/una mujer que, en realidad, no sabes si te quiere, no sabes si te engaña?…
¡Piensa! ¡No te equivoques! Una vez creíste tocar el cielo con las manos y en un instante descendiste al mas profundo de los infiernos, ¿Crees que vale la pena?. Haz lo que te digo, no existen los amores eternos, y seguramente, todo eso lo único que te va a hacer es ilusionarte y volverte a lastimar.”

Y se hace un silencio eterno…

El CORAZÓN, aturdido por las palabras de la RAZÓN, se queda sin aliento, pero después de un rato de pensar, donde la RAZÓN ya creía tener ganada la partida, el CORAZÓN replica:

“No sé si tus palabras son del todo ciertas, pero se que no son tampoco del todo equivocadas: no es lo mismo pensar que sentir, no es lo mismo razonar que hacer las cosas impulsivamente, porque los que piensan son aquellos que nunca se arriesgan, y pobre de aquél que no esté dispuesto una vez en su vida a perderlo todo por la persona que ama, pobre de aquél que no está dispuesto a olvidar, porque nunca será perdonado, pobre de aquél que es tan ciego y vacío, que no es capaz de dejar de lado todas las trivialidades de la vida por amor… Pobre de quien teniendo en frente el amor de su vida, no es capaz de quitarse la careta y sentir… Porque el amor no solo es alegría, no solo es paz y ternura, el amor es también dolor y lágrimas, es angustia y desvelo, es muchas cosas, pero bueno… La verdad es que no sé que pesa más, si la RAZÓN o el CORAZÓN.

Lo que si sé, es que si uno no siente, se transforma simplemente en una roca, una cosa que no es capaz de demostrar cariño y confianza, un cuerpo sin alma. Por eso creo que uno debe jugarse por lo que siente… le puede salir bien o mal, puede equivocarse o vivir el resto de su vida con la persona que ama… lo que sí es cierto es que jamás perdonaría a alguien que por rencor o desconsuelo no sea capaz de tomar a la persona que ama, y gritarle a todo el mundo que por ella daría la vida…

Y, por último, otra cosa que tengo bien clara, es que el que se enamora soy yo, y el amor se siente con el CORAZÓN, no con la CABEZA”.

Se hizo el silencio… y sin mediar palabra, el CORAZÓN, decidió tomar el camino correcto… y fue tras el amor…



Cuando dejo de necesitar, comienzo a amar

 Cuando dejo de necesitar, comienzo a amar El regreso al origen Por Helen Goldberg Mientras no recordemos que somos Amor, viviremos creyendo...