miércoles, 18 de febrero de 2026

Cuando dejo de necesitar, comienzo a amar

 Cuando dejo de necesitar, comienzo a amar

El regreso al origen



Por Helen Goldberg

Mientras no recordemos que somos Amor, viviremos creyendo que nos falta algo.

Buscaremos afuera lo que solo puede revelarse dentro.
Buscaremos a alguien que nos complete, que nos salve, que nos haga felices, que dé sentido a nuestra vida. Y sin darnos cuenta, convertimos el amor en necesidad.

Pero cuando el amor nace desde la carencia, atrae vínculos que también vibran en carencia.

Una persona necesitada no busca amar: busca que la amen para sentirse suficiente.
Y desde allí, la relación se convierte en una demanda silenciosa.

Esperar que alguien nos “arregle”, nos llene o sea nuestra “otra mitad” es entregar nuestro poder. Ninguna relación puede sostener el peso de una identidad que no ha sido abrazada primero por uno mismo.

Antes de compartir el camino con alguien, es imprescindible reconciliarnos con nuestra historia. Con nuestras heridas. Con nuestra infancia. Con nuestros vacíos.
No para ser perfectos, sino para ser conscientes.

La pareja no está para completarnos.
Está para acompañarnos.

Cuando estamos en paz con quienes somos, la relación deja de ser una necesidad y se transforma en elección.

Y si compartimos nuestra vida con alguien que tampoco ha reconocido que es Amor, ninguna cantidad de esfuerzo será suficiente para contentarlo o contentarla. Porque quien no sabe que es Amor, siempre sentirá que algo falta.

Muchas veces hacemos todo por agradar, por ser valorados, por no ser abandonados. Pero lo que realmente está pidiendo atención no es la relación… es nuestra incapacidad de aceptarnos.

La pareja no es el problema.
Es el espejo.

La vida entera es un espejo.

Atraemos personas que reflejan partes nuestras que aún no hemos integrado.
Relaciones que reactivan memorias de la niñez.
Heridas antiguas que buscan ser sanadas.
Creencias que arrastramos sobre lo que merecemos, sobre el amor, sobre nosotros mismos.

Nada llega por casualidad.
Todo vínculo es una oportunidad de conciencia.

Cuando algo del otro nos molesta profundamente, vale la pena preguntarnos:
¿Qué parte de mí está hablando aquí?
¿Qué herida se activó?
¿Qué miedo se movió?

Desear que nuestra pareja cambie suele ser una forma sutil de intentar controlar aquello que no hemos sanado en nosotros. Es más fácil señalar afuera que mirar hacia adentro.

Pero el verdadero trabajo siempre es interior.

La Vida nos ama incondicionalmente.
No nos envía relaciones para castigarnos, sino para despertarnos.

A veces buscamos personas que nos hagan sentir amados, cuando en realidad lo único que pueden hacer es reflejar cómo nos estamos tratando a nosotros mismos.

Si tu Ser reconoce que es Amor, entonces incluso lo imperfecto se convierte en parte del aprendizaje. Ya no buscas perfección. Buscas evolución. Ya no buscas posesión. Buscas expansión.

Amar es recordar.

Recordar que no necesitas que nadie te complete.
Recordar que no estás roto.
Recordar que no te falta nada esencial.

Todo tiene una raíz.
Y muchas veces esa raíz está en la infancia: en lo que no recibimos, en lo que interpretamos, en lo que prometimos inconscientemente para sentirnos seguros.

Sanar el amor es sanar al niño interior.
Es abrazar la historia sin juicio.
Es devolvernos la dignidad.
Es reconocernos como fuente y no como mendigos de afecto.

Cuando sabes que eres Amor, ya no eliges desde la necesidad.
Eliges desde la plenitud.

Y desde allí, el amor deja de doler.
Y comienza a florecer.

Si sientes que es momento de ir a la raíz y sanar la historia que hoy se refleja en tus relaciones, estoy aquí para acompañarte.

Porque cuando sanas tu interior…
cambia todo tu exterior. 

Derechos Reservados - Helen Goldberg/Ilka Terapias©

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