lunes, 18 de febrero de 2013

El amor empieza cuando empiezas a amarte

4 de mayo de 2011

No es amor si nace de la carencia

Amar desde la plenitud

Por Helen Goldberg


Sólo cuando estás en paz contigo puedes compartir paz con alguien más.
Sólo cuando has aprendido a habitar tu propia compañía sin miedo, puedes construir un vínculo sano.

Mientras necesites que otro te complete, vivirás desde la carencia.
Cuando descubres que ya estás completo, empiezas a amar desde la libertad.

Para valorar, primero debes valorarte.
Para respetar, primero debes respetarte.
Para aceptar, primero debes haberte abrazado en tus luces y en tus sombras.

Porque nadie puede ofrecer lo que aún no ha despertado dentro de sí.

Ninguna relación podrá darte la serenidad que no hayas cultivado en tu interior.
Ningún vínculo podrá sostener una felicidad que no seas capaz de generar por ti mismo.

El amor maduro no nace de la necesidad, sino del encuentro.
No surge del vacío, sino de la abundancia.

Cuando puedes mirar a alguien y decirle:
“Te elijo, pero no te necesito para ser feliz”,
entonces amas sin cadenas.

Amas sin manipular.
Sin controlar.
Sin exigir que el otro sane lo que te corresponde sanar.

La verdadera felicidad compartida ocurre cuando dos personas completas deciden caminar juntas.
No para rescatarse, no para llenarse, sino para expandirse.

Amar requiere una humilde autosuficiencia:
autoestima firme, madurez emocional y una libertad responsable.

Creer que alguien debe hacerte feliz, satisfacer todas tus expectativas o llenar cada uno de tus vacíos es una ilusión que inevitablemente conduce a la frustración.

El amor no es dependencia.
Es elección consciente.

Por eso, ámate profundamente.
Crece.
Sana.
Madura.

Y el día que puedas decir con serenidad:
“Estoy bien contigo y también estoy bien sin ti”,
ese día estarás listo para vivir un amor verdadero.


Derechos Reservados - Helen Goldberg©

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